El Legado Pastoral

Redy Portillo

A 35 años de la resurrección del Señor y de los eventos de Pentecostés, entre los años 65-66 d.C. (dos o tres años antes de su crucifixión en Roma), el apóstol Pedro escribe su primera carta, para fortalecer y animar a los cristianos que estaban siendo perseguidos por su fe; alentándolos a que se mantuvieran firmes. No obstante, al final de la misiva, en el capítulo 5, expone una serie de consejos a los ancianos o pastores que dirigían esa iglesia, diseminada por la conocida Asia Menor de la época, hoy Turquía.

Dicho mensaje pareciera ser una especie de “despedida” o consejos finales al liderazgo, en el que Pedro está traspasando, a la nueva generación de líderes, la responsabilidad de preservar la fe y de contender por ella. Es decir, sus palabras son la entrega de un “legado” que debía transmitirse de generación en generación, para que preservara la pureza, veracidad y autenticidad del Evangelio de Cristo.

En ese mensaje, encontramos cuatro aspectos interesantes:

1) El “Peso” de quien entrega ese Legado (vs.1); en este caso, Pedro, quien fue testigo excepcional de los padecimientos de Cristo y, por ende, tiene toda la autoridad moral de aconsejarnos, como Pastores, sobre cómo guiar y «apacentar” las ovejas que el Señor nos ha dejado al cuido, en estos últimos tiempos, hasta que Cristo regrese. Pedro no habla desde un “pedestal” sino como “otro anciano más”. Atrás quedó el Pedro impulsivo, y vemos a un Pastor compasivo y preocupado por las futuras generaciones.

2) La Motivación para desarrollar ese Legado (vs.2-4). El viejo Pastor y
Discípulo de Cristo recomienda tener los “motivos” correctos para desarrollar el liderazgo cristiano; para ello, expone tres contrastes que deben modelar nuestras intenciones. Debemos liderar: a) Sin coaccionar a nadie sino con las ganas que derivan de la pasión por servir a Cristo; b) Sin avaricia ni deseos lucrativos sino con el “entusiasmo” de ser recompensados cuando regrese el “Príncipe de los Pastores”, y c) Sin esclavizar a nadie sino inspirando con el ejemplo.

3) El Equipamiento o Atuendo para trabajar en el Legado: La Humildad
(vs.5-6). El apóstol Pedro afirma que en el Legado Ministerial debe existir una «cadena de mando espiritual”; por tanto, deben respetarse las autoridades establecidas en el seno de la congregación; esto es importante para que haya estabilidad, pues un heredero que no sepa sujetarse “no sabrá sostener el legado”. Pero para evitar que quien esté como Pastor abuse de las ovejas, es necesario que éste se “revista” con el “uniforme” de La Humildad; es decir, nunca olvidar que cuando el Señor nos llamó al ministerio, eso nos obliga a profundizar en nuestro rol como servidores.
Les recuerda a los creyentes que Dios resiste a los soberbios, no a quien falla, antes bien les da su gracia para corregir.

4) La Protección del Legado (vs.7-9). Pedro indica que para que el Legado del Evangelio perdure es necesario que, como líderes, nos manejemos eficientemente en dos realidades: el mundo interior (una mente sin ansiedad que sabe esperar en Dios) y el mundo exterior (al enemigo de nuestras
almas).
Para manejar el primer escenario, Pedro recomienda traer toda preocupación ante Dios, pues Él, como buen padre soberano, tiene “cuidado” de nosotros; por tanto, no estamos en orfandad.
Sobre el segundo escenario, Pedro nos recomienda estar en “alerta máxima”, pues estamos en un campo de batalla espiritual y el enemigo está en la caza de cualquier cristiano desprevenido. No obstante, asegura que “desde la Fe” podemos “resistir” (haciendo oposición) hasta vencer esta batalla que se
desarrolla en todos los ámbitos de la tierra, pero recuerda que siempre contamos con el respaldo decisivo del Señor.
Este hermoso y alentador pasaje nos regala una CONCLUSIÓN “natural” en el versículo 10, donde nos habla de La Obra final del artífice de este Legado.
Pedro indica que aunque la lucha por preservar el Legado del Evangelio pudiera resultar dolorosa, sin embargo, “el Dios de toda gracia” ejecutará cuatro acciones de reconstrucción y consolidación en nuestro ministerio:
1) Nos perfeccionará, como quien “remienda” o repara unas redes de pescar (moraleja: hay que dejarse reparar).
2) Nos afirmará, como cuando se coloca una “eje” o “soporte fijo”, para brindarnos estabilidad y no seamos llevados de un lado a otro.
3) Nos fortalecerá, para darnos resistencia como provisión para enfrentar las luchas por venir; y, finalmente…
4) Nos establecerá, es decir, echará nuevos cimientos a nuestra fe, para que el Legado sea traspasado firmemente a las nuevas generaciones. Gracias a Dios por su don inefable.

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